En la década de 1890, en una Inglaterra marcada por la rigidez de la realeza, la vida de la Reina Victoria da un giro inesperado tras la muerte de su amado esposo, el Príncipe Alberto. Sumida en un profundo luto y enfrentando una creciente soledad, se siente atrapada en un palacio que le recuerda constantemente su pérdida. La vida pública de la monarca es una mera fachada, hasta que una figura inesperada entra en su vida: John Brown, un escocés que fue servidor del difunto príncipe.