En un futuro distópico donde las emociones son consideradas el principal culpable de los conflictos humanos, la sociedad ha sido programada para vivir sin sentimientos. La élite gobierna con mano de hierro, obligando a todos a tomar una droga diaria que suprime cualquier rastro de amor, ira o tristeza. En este sombrío mundo, John Preston, un efectivo clerigo, se encarga de cazar y eliminar a los que se rebelan contra el sistema. Su vida transcurre en la monotonía y el cumplimiento de su deber, hasta que un día, tras una inesperada pérdida, se salta la dosis de su droga y empieza a sentir.