En un cálido verano en un complejo turístico en Turquía, un padre soltero se embarca en unas vacaciones con su hija de 11 años. La historia se desarrolla a través de sus interacciones cotidianas, capturando esos momentos cargados de melancolía, risas y una profunda conexión emocional que parecen definir su relación. A medida que pasan los días, las pequeñas actividades, como nadar en la piscina, jugar videojuegos o sentarse en la playa, revelan el vínculo que comparten, así como las preocupaciones de un padre que intenta ser fuerte para su hija, a la vez que lidia con sus propias inseguridades y temores sobre el futuro.
Mientras los recuerdos se entrelazan con la realidad, la película juega con la nostálgica sensación de un tiempo que parece, de alguna manera, efímero. La joven comienza a captar cosas que van más allá de lo aparente, y su mirada inocente contrasta con las preocupaciones del adulto, sugiriendo una complejidad emocional que resonará mucho después de que las vacaciones terminen. A través de delicadas transiciones temporales, los recuerdos de la infancia y la realidad del presente se entrelazan, haciendo que el espectador reflexione sobre el paso del tiempo y el legado emocional que dejamos atrás. La película captura la esencia de los momentos fugaces que definen nuestra existencia, dejándonos con una mezcla de amor y nostalgia que perdura mucho después de que se apagan las luces de la pantalla.