En un bar perdido en la penumbra de un pueblo polvoriento, la vida de un talentoso artista se ve marcada por la tragedia y el desamor. La historia comienza cuando un joven pintor busca inspiración en las bebidas y las conversaciones de los parroquianos, mientras se enfrenta a sus demonios internos. Su desgarrador amor por una bella mujer, una cantante que también se presenta en el establecimiento, se convierte en el centro de su mundo.
Una noche, embriagado por la desesperación, decide plasmar su amor en una obra maestra en la superficie del suelo: la cara de su musa, un retrato que simboliza tanto su devoción como su profunda amargura. Mientras la pintura cobra vida en el suelo, el ambiente cambia; la alegría efímera del bar se transforma en un escenario de celos y conflictos, pues un rival, dispuesto a luchar por el corazón de la cantante, desafía al artista.
Las tensiones alcanzan un punto álgido en un frenético duelo, donde la pasión y el arte chocan brutalmente. A medida que los ecos de los gritos y el sonido de los sables resuenan en la habitación, el pintor se ve arrastrado a un destino trágico. Su obra, una representación de amor eterno, no solo captura la esencia de su musa, sino que también se convierte en un recordatorio de la pérdida y la desdicha que lo acompañarán por siempre. Así, el suelo del bar queda impregnado con la melancolía de un sueño roto.