En un futuro no muy lejano, la Tierra ha quedado prácticamente despojada de su vegetación y ecosistemas. Los pocos bosques que quedan han sido llevados a la órbita espacial en naves de investigación, donde se cuidan como un último refugio de la flora terrestre. Bruce Dern da vida a un botánico llamado Freeman Lowell, quien forma parte de una misión con la tarea de preservar estas últimas especies. Sin embargo, cuando la orden llega de deshacerse de los invaluables árboles en un acto desesperado por la economía terrestre, Lowell se encuentra entre la espada y la pared.
Desesperado por salvar el único vestigio de vida que queda, decide tomar cartas en el asunto. Con la ayuda de sus compañeros robotizados, los simpáticos drones llamados Huey, Dewey y Louie, crea un plan intrépido para desobedecer órdenes y proteger la vegetación a toda costa. A medida que avanza la trama, la soledad del espacio se convierte en un personaje más, y la tensión entre la vida y la muerte, la naturaleza y la humanidad se intensifica.
Con momentos de filosofía profunda y un trasfondo visual impresionante, esta historia de amor por la naturaleza nos plantea preguntas sobre el sacrificio y la responsabilidad ambiental. A través de un viaje emocional y solitario, Freeman no solo lucha por proteger lo que ha quedado de la Tierra, sino que también se enfrenta a su propia moralidad y a la conexión entre el ser humano y su entorno. Una reflexión que resuena tanto hoy como en la década de los setenta.