En un bullicioso apartamento de París, un hombre despreocupado y un poco torpe, conocido por su inclinación a las situaciones cómicas, vive cazando la suerte con su encantadora novia a su lado. Sin embargo, todo cambia cuando accidentalmente rompe un espejo, lo que según la superstición popular, marca el comienzo de siete años de mala fortuna. A partir de ese momento, nada sale como lo planeado. Desde encuentros absurdos con la policía hasta problemas divertidos con sus vecinos, su vida se convierte en un torbellino de desdichas.
En medio del caos, la relación con su novia se pone a prueba, ya que intenta convencerla de que su infortunio es solo una racha pasajera. Juntos, la pareja navega por una serie de enredos que parecen más un juego de quiebras de la realidad que la vida cotidiana. La comedia se intensifica con cada tropiezo, ya que él tropieza con obstáculos ridículos y se ve envuelto en situaciones inesperadas, como una competencia de boxeo y un intento de robar un perro de exhibición.
Todo culmina en un hilarante desenlace donde la buena fortuna y la fe en el amor se ponen a prueba. Con una mezcla de slapstick y romance, esta historia es un recordatorio de que, a veces, la vida puede ser un espejo que nos refleja no solo las malas jugadas, sino también la importancia de tener a alguien con quien compartir las risas y las lágrimas. Con un humor que trasciende el tiempo, este clásico mudo deja en claro que la suerte es, al final, una cuestión de perspectiva.