En la tumultuosa y emocionalmente cargada semana que sigue a la muerte de la Princesa Diana, el Reino Unido se encuentra en un estado de conmoción y duelo. La reina y su familia enfrentan la escasez de una conexión con un pueblo que, en su mayoría, se siente traicionado y desilusionado. Mientras la familia real se refugia en su emblemática cabaña en Escocia, la opinión pública clama por un reconocimiento del dolor colectivo, exigiendo una respuesta públicamente más humana de quien, normalmente, se mantiene distante.