En el bullicioso Londres de principios del siglo XX, un excéntrico profesor de fonética, Henry Higgins, se encuentra obsesionado con un experimento audaz: transformar a una humilde florista de Covent Garden, Eliza Doolittle, en una dama de la alta sociedad, simplemente enseñándole a hablar con un acento refinado. Con su enfoque meticuloso y algo arrogante, Higgins se propone demostrar que el habla puede cambiar el destino de una persona, sin importarle las implicaciones morales de sus acciones.