En un sistema penitenciario británico, un nuevo prisionero llamado Carlin llega a una institución donde la violencia y la brutalidad son el pan de cada día. Desde el primer día, se enfrenta a la opresión de los guardias y la jerarquía violenta entre los internos. Carlin, interpretado por un carismático Ray Winstone, no es un hombre que se deje intimidar fácilmente; rápidamente se gana la atención del resto de los prisioneros con su carácter fuerte y su rechazo a someterse al sistema corrupto que reina en la prisión.