En la París contemporánea, un director de orquesta ruso, Andrei Filipov, que en su juventud fue un prodigio, se ha visto reducido a ser el limpiador de un famoso teatro. Hace años, fue despedido del Gran Teatro Bolshói por permitir que sus músicos, en su mayoría judíos, tocaran en un homenaje a sus raíces. Sí, es una historia de tragedia y orgullo. Sin embargo, su vida da un giro inesperado cuando recibe una invitación para que la misma orquesta que él dirigió décadas atrás se presente en el Teatro de Châtelet.