En un caluroso día de verano, un grupo de doce jurados se reúne para deliberar sobre el destino de un joven acusado de asesinato. Al principio, la mayoría está convencida de su culpabilidad, pero uno de los jurados se niega a ceder y plantea dudas sobre la evidencia presentada. A medida que avanza la discusión, se desata una intensa batalla de opiniones en la que surgen sesgos personales, prejuicios y tensiones ocultas.
Este jurado disidente, interpretado de manera magistral, va desafiando las percepciones de sus compañeros, forzándolos a reconsiderar sus prejuicios y a mirar la evidencia desde diferentes ángulos. Con cada argumento, nuevos detalles sobre las circunstancias del caso comienzan a emerger, revelando que la verdad puede ser más compleja de lo que parecía inicialmente.
Mientras discuten, cada miembro del jurado revela algo de sí mismo, a veces siendo revelador y otras, contraproducente. Los conflictos personales y las historias de vida de cada uno se entrelazan con el caso, haciendo que la deliberación no sea solo sobre la culpabilidad o inocencia del acusado, sino también una reflexión sobre la justicia y la moralidad.
La tensión va en aumento en esta atmósfera casi claustrofóbica, donde cada decisión puede cambiar no solo la vida del joven en juicio, sino también la de cada jurado presente. A medida que queda menos tiempo, el grupo se enfrenta a su propia humanidad, cuestionando si realmente están dispuestos a asumir la responsabilidad de su veredicto.