En una atmósfera de melancolía y desencanto, seguimos la vida de un niño travieso que se siente perdido entre la incomprensión de su familia y la aventura de crecer. Su relación con su padre es tensa y distante, marcada por la falta de comunicación y la incapacidad de conectarse emocionalmente. El pequeño busca refugio en la libertad de la calle, donde la vida se presenta como un emocionante juego, lleno de amistades efímeras y pequeños actos de rebeldía.
A medida que avanza la historia, el niño se enfrenta a la dura realidad de un mundo que no parece comprenderlo. Las expectativas familiares, los pleitos y la desilusión lo empujan a buscar respuestas en lugares inesperados. En sus andanzas, encuentra personajes singulares que representan diferentes facetas de la vida, desde la soledad y la desesperanza hasta la esperanza de un futuro mejor. Cada encuentro, cada nueva experiencia, lo lleva a cuestionar su lugar en el mundo.
La angustia de crecer en un entorno hostil se mezcla con momentos de ternura y comedia, creando un relato que destaca la lucha interna del protagonista. Su viaje es un espléndido reflejo de los altibajos de la niñez, donde las emociones son intensas y las decisiones, profundas. Al final, la película nos deja con una sensación de nostalgia, recordándonos que aunque el camino sea difícil, la búsqueda de la identidad y la conexión emocional es universal y necesaria.