Un músico atormentado, que ha alcanzado la cumbre de la fama, se encuentra en un estado de angustia y aislamiento mientras lidia con sus demonios internos. La historia se desarrolla durante sus últimos días, donde explora los altibajos de su vida rodeado de adicciones, relaciones fallidas y una profunda sensación de pérdida. Los momentos de lucidez son intercalados con alucinaciones y recuerdos fragmentados que reflejan su lucha por conectar con el mundo exterior.
En su entorno, amigos y conocidos realizan intentos genuinos de ayudarlo, pero la atmósfera de desesperación es casi palpable. La película presenta un retrato crudo de la descomposición emocional de su protagonista, quien parece atrapado en un ciclo interminable de autodestrucción. En medio de todo esto, hay destellos de su vida anterior, momentos de alegría y amor que contrastan brutalmente con su realidad actual. La cámara lo sigue en su deambular por la casa, el caos de su mente manifestándose en su entorno físico.
La música, que una vez fue su refugio, ahora se convierte en un eco de su dolor, con notas melancólicas que resuenan a medida que la trama avanza hacia un desenlace inevitable. En una espiral de reflexión y caos, el protagonista enfrenta la pregunta más difícil: ¿hay esperanza en medio del abismo? Con un estilo visual hipnótico y una narrativa que te hace sentir la angustia, la película ofrece una experiencia profundamente emotiva, dejando al espectador cuestionando el costo de la genialidad y la soledad.