En una calurosa mañana en Austin, Texas, la vida de un grupo de jóvenes sin rumbo se entrelaza mientras deambulan por las calles, debatiendo sobre la vida, el arte y el destino. Con un estilo de vida despreocupado, estos individuos viven en un mundo donde el procrastinar es una forma de arte, y la búsqueda de significado a menudo se convierte en un diálogo absurdo y cómico. Cada escena presenta un nuevo personaje —un filósofo intrigante, un músico decepcionado, un amante de las teorías conspirativas— todos conectados solo por el hilo invisible de su apatía y falta de propósito.
A través de una serie de viñetas, la narrativa se despliega de forma no lineal, saltando de una historia a otra, revelando las frustraciones y aspiraciones de una generación perdida. Algunos buscan la autenticidad, otros se conforman con la rutina, y otros simplemente intentan sobrevivir el día a día. El director, con su enfoque crudo y casi documental, captura la esencia del desencanto juvenil, mostrando las conversaciones profundas que surgen en medio de lo mundano. Sin un arco argumental tradicional, la película se convierte en un retrato sincero y a veces hilarante de la vida contemporánea, revelando que, a pesar de la falta de dirección, hay belleza en la lucha por encontrar un propósito. Es un viaje a través de la vida de estos “slackers", donde la búsqueda de significado se encuentra en la conexión humana y las charlas sin fin.