En una tranquila mañana de domingo durante el verano de 1912, un pintor veterano, un tanto solitario, se dirige a la casa familiar en el campo, lejos de su ajetreado mundo en París. Su intención es disfrutar de un día de paz para reflexionar y trabajar en sus pinturas. Sin embargo, su llegada no es tan sencilla. La atmósfera en la casa está cargada de nostalgia y recuerdos, y el artista pronto se encuentra atrapado en un remolino de emociones y relaciones familiares.
Mientras repasa los viejos tiempos, se encuentra con su esposa y su hija, un espejo de sus propias frustraciones y sueños no cumplidos. Las conversaciones fluyen entre antiguas alegrías y resentimientos reprimidos, revelando las tensiones subyacentes que siempre han estado latentes en su vida. A medida que transcurre el día, él comienza a cuestionar su lugar en el mundo y la autenticidad de su arte, sumergiéndose en una búsqueda interna que va más allá de la pintura.
Con una estética visual cautivadora, la película despliega un retrato delicado de la vida cotidiana, explorando la soledad y las conexiones humanas en un rincón del mundo donde el tiempo parece detenerse. Cada acción y mirada de los personajes revela más sobre sus pasados, sueños y la inevitabilidad del paso del tiempo. En este singular día en el campo, el pintor enfrenta su propia vida, sus relaciones y la búsqueda de su verdadera identidad artística.