La vida de un joven pintor está marcada por la tristeza y la inevitabilidad de lo efímero. Tras ser diagnosticado con una enfermedad terminal, se enfrenta a la dura realidad de dejar atrás a su pequeño hijo, quien apenas tiene cuatro años. Con el tiempo en su contra, el padre se embarca en una emotiva misión: encontrar un hogar adecuado para su niño, uno que le brinde amor y seguridad una vez que él ya no esté.