En un barrio residencial de París, donde la modernidad y el progreso parecen haberse apoderado de la vida cotidiana, vive un hombre entrañable y algo torpe llamado Monsieur Hulot. Este personaje excéntrico, con su característica boina y su eterna sonrisa, se convierte en el peón de la lucha entre lo tradicional y lo contemporáneo. Su vida da un giro inesperado cuando visita a su hermana y su cuñado, quienes han adoptado un estilo de vida ultramoderno que contrasta radicalmente con la simplicidad y autenticidad que Hulot representa.
El hogar de su cuñado se asemeja a un laboratorio futurista, lleno de gadgets ruidosos y tecnología innecesaria, donde la relación entre los miembros de la familia parece más una serie de rápidos movimientos mecánicos que una conexión humana genuina. Mientras Hulot intenta adaptarse a este mundo tan ajeno, se encuentra en medio de un sinfín de situaciones cómicas y absurdas que revelan las fallas de la vida moderna.
A medida que avanza la historia, Hulot se convierte en un vínculo entre el pasado nostálgico y el presente frenético. Sus travesuras y su inocencia ponen en evidencia la alienación que se siente en un entorno diseñado para facilitar la vida, pero que, irónicamente, la complican. La película captura la esencia de una era en transformación, mostrando que, a veces, la verdadera felicidad se encuentra en la simplicidad y en los momentos compartidos.